Autosabotaje: yo soy mi propio hater

El autosabotaje no llega después del fracaso, llega tres segundos después de la idea. Se te ocurre proponer algo distinto en el trabajo, o publicar eso que llevas meses guardando, y antes de escribir la primera línea ya apareció la otra voz: no va a gustar, tú no eres así, mejor ni lo intento.

En el episodio 155 hablé de esto desde el lugar menos cómodo, porque ese mismo episodio lo postergué hasta grabarlo a última hora preguntándome para qué. Uno es súper hater con uno mismo, y lo hace en silencio, sin testigos y sin que nadie tenga que decir nada.

Acá está lo que salió de esa hora conmigo mismo: por qué aparece esa voz, por qué convencerla no funciona, y qué queda cuando dejas de discutir con ella.

Autosabotaje creativo: por qué me saboteo justo cuando tengo la idea

Esa semana quise salir de la zona de confort y ponerme más creativo en el trabajo. Se me ocurrieron cosas. Y en el mismo minuto en que se me ocurrieron, apareció el argumento en contra: eso no va a ser bien recibido, no es lo que esperan de ti, esa no es tu pega.

Fíjate en el orden. Primero la idea, después el juicio, y nunca el intento. El juicio no llega a evaluar un resultado, llega a evitar que haya uno. Y como no hay resultado, el juicio nunca se equivoca. Ese es el negocio redondo del autosabotaje: se protege de la única cosa que podría desmentirlo.

Y darse cuenta no lo desactiva. Yo llevo 155 capítulos hablando de esto y esta semana igual dejé la grabación para el final del día preguntándome para qué molestarme. La mayor barrera para ti mismo eres tú, y eso no se arregla una vez.

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Este artículo está basado en un episodio del podcast Sé Tú Mismo

Por qué no hago lo que sé que debo hacer: ni el "no puedo" ni el "sí puedo" son verdad

La salida obvia parece ser darle vuelta al pensamiento. Si te dices que no puedes, entonces te dices que sí puedes y listo.

Lo dije así en el capítulo: "tú pensás que no podís, no es cierto. Tú pensás que podís, tampoco es cierto". Los dos son pensamientos. Ninguno tiene información sobre lo que va a pasar, porque todavía no pasó nada. La frase motivacional y la frase que te hunde salen de la misma fábrica y las dos hablan de un futuro que no existe.

Por eso convencerte no funciona: te quedas discutiendo con la voz en vez de moverte. Y mientras discutes, la conversación se siente productiva. Llevas seis meses puliendo el argumento de por qué sí puedes y no has mandado el correo.

Miedo al rechazo: estás reaccionando a algo que nadie dijo

Acá está la parte incómoda. Cuando decides no proponer la idea porque "no va a gustar", estás obedeciendo una reacción que todavía no ocurrió, de personas que no vieron nada.

Tu pensamiento no está en la cabeza de las otras personas. Vive en un solo lugar, que es el tuyo, y aún así lo tratas como si fuera un informe del mundo. Traje en el episodio un video de Francisco Varela preguntando dónde está el yo, esa idea de que el yo se sostiene en el intermedio entre existir y no existir. Suena abstracto hasta que lo aplicas al asunto: si no logras ubicar dónde está exactamente ese pensamiento, cuesta explicar por qué te pesa tanto como para no mandar el mensaje.

[INFERENCIA] Cuando pasas años acomodándote a lo que otros esperaban, ese cálculo se vuelve automático y deja de sentirse como una decisión.

Por qué siento que no avanzo: control contra entrega

Lo que estamos buscando en el fondo no es una buena idea, es una garantía. Queremos saber cómo va a resultar antes de empezar, y esa exigencia parece prudencia, pero es otra cosa: es no darle nunca a la vida la oportunidad de comprobar que "no soy capaz".

Entregarse a la circunstancia en la que estás significa quedarse sin control, y eso es lindo y aterrador al mismo tiempo. Tú no elegiste dónde naciste ni lo que te tocó vivir. Eso ya está, es material dado. Y aun así sigues siendo responsable de lo que quieres hacer con eso.

En el capítulo usé la imagen de una corriente. No la eliges y no la detienes, pero adentro del agua igual puedes dar brazadas. La pregunta útil no es cómo salir de la corriente, es a cuál te vas a dejar llevar y a cuál le vas a poner resistencia.

Buda y Camus: cómo dejar de pensar tanto sin quedarte quieto

En el episodio crucé dos referencias que parecían opuestas: un video sobre Buda contra Albert Camus, el desprendimiento contra el impulso. Soltar el resultado, o lanzarse igual sabiendo que nada garantiza nada.

Terminé en un lugar poco elegante: necesito los dos. Soltar sin impulso es quedarse sentado con cara de calma. Impulso sin soltar es empujar hasta romperse. Lo que sostiene el movimiento es la mezcla, no la elección entre una y otra.

Y hay un momento antes de todo eso donde entender no sirve. A veces no hay que saber, a veces hay que sentir. Para eso hace falta silencio y algo de tierra, que es bastante más barato que otra sesión de análisis.

Qué puedes hacer hoy

Tres cosas que salieron del capítulo y que se pueden mirar hoy mismo, sin preparación.

  1. La idea que descartaste esta semana. No la que descartaste por falta de tiempo, la que descartaste en tres segundos con un argumento sobre cómo iban a reaccionar los demás. ¿Quién exactamente iba a reaccionar así, y qué dijo?
  2. Separar el pensamiento del dato. "No va a gustar" es un pensamiento. "Se lo mostré a dos personas y no les gustó" es un dato. En este momento, ¿cuántos datos tienes?
  3. Una brazada del tamaño más ridículo posible. Un mensaje, un archivo nuevo, una frase escrita. Lo suficientemente chico como para que la voz no alcance a armar el caso en contra.

Yo no quiero ser el que tiene las respuestas, pero sí quiero ser el que las busca. Por eso intento no casarme con una identidad, porque quien uno es es un proceso constante y mañana ya eres otro por el solo hecho de haber vivido ayer. El autosabotaje se apoya justo ahí, en la idea de que ya sabes quién eres y de qué eres capaz. Y esa persona que tanto te defiende de intentarlo se está quedando sin información nueva hace rato.