Confiar en el proceso: por qué abandonas todo antes de ver el resultado

Confiar en el proceso suena a frase de taza de café hasta que te toca hacerlo de verdad. Y hacerlo de verdad es esto: estás a la mitad de algo, no se ve bien, no sabes si va a funcionar, y la cabeza te dice que pares. Empiezas un proyecto con ganas y a las dos semanas ya lo estás soltando porque "no va a ninguna parte". Te pasa con lo que escribes, con lo que dibujas, con lo que grabas, con esa idea que tuviste y abandonaste antes de la primera versión decente. Aquí vas a ver por qué sueltas las cosas justo cuando se ponen feas, qué te enseñó a creer que el trayecto no cuenta, y qué cambia cuando aprendes a estar adentro del proceso sin garantía.

Por qué abandono todo lo que empiezo

Gaxpar lleva más de dos años grabando el podcast. Y dice algo incómodo: tiene que confiar en que sabe lo que está haciendo, aun cuando no sabe lo que está haciendo. Esa es la sensación que evitas. Esa es la que te hace cerrar el cuaderno.

Abandonas no porque el proyecto sea malo, sino porque sentir que "no va a ninguna parte" se hace insoportable. Quieres una señal de que vale la pena antes de seguir. Y la señal no llega en la mitad. Llega después, o no llega.

Si puedes pasar cuatro años sacando un título sin saber si vas a usarlo, puedes pasar seis meses dentro de algo tuyo sin saber todavía cómo termina. La diferencia es que al título nadie te pidió que lo disfrutaras a mitad de camino. A lo tuyo, sí.

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Este artículo está basado en un episodio del podcast Sé Tú Mismo

La cultura del resultado: solo ves la obra terminada

Vives rodeado de resultados pulidos. La canción mezclada, el cuerpo entrenado, el negocio que ya factura, el libro publicado. Pruebas el plato sin ver nunca la cocina. Y como solo ves el final de todos, comparas tu mitad de camino con la línea de meta ajena.

Ahí nace la mentira: empiezas a creer que si tu proceso es feo, lento o torpe, algo está mal contigo. No está mal contigo. Está mal el ejemplo con el que te comparas, porque ese ejemplo te escondió su propia parte fea.

Nadie sube el borrador número doce. Nadie muestra los meses en que la cosa no avanzaba. Te muestran el corte final y tú lo tomas como si así hubiera nacido. Confiar en el proceso es, en parte, recordar que detrás de cada resultado que admiras hubo un trayecto que no te dejaron ver.

Dar sin recibir te deja solo

Hay otra forma de abandonarte, y es dar de más. Ser amable es gratis y te nutre, eso no está en duda. El problema empieza cuando das hasta volverte mártir, cuando estás para todos pero no tienes dónde dejarte caer.

Si eres un mártir, no le haces un bien a nadie. Llegas a la noche con la sensación de haber estado todo el día para los demás y de que nadie estuvo para ti. No es que des mucho. Es que recibes poco, y esa cuenta no cuadra para siempre.

Procura tener dónde dejarte caer. Dejarte sostener también es parte del trato. La generosidad que solo va en una dirección no es generosidad, es una forma lenta de quedarte solo.

Cómo dejar de pensar demasiado y volver al presente

El pensamiento es una zona de confort. Es un opio en el que te dejas acurrucar. Le das vueltas a lo de mañana, a lo que va a pasar, a lo que podría salir mal, y mientras tanto no estás aquí, donde en realidad no hay ninguna urgencia.

Gaxpar cuenta que mientras cocina se descubre repitiendo catástrofes y mantras sin darse cuenta, como una bruja lanzando hechizos sobre su propia comida. Tú haces lo mismo lavando los platos, manejando, caminando. Repites una historia en automático y esa historia te tiñe el día.

Lo interesante es que darte cuenta ya cambia algo. No puedes dejar de juzgar el mundo, no se puede salir de ese sistema. Pero sí puedes escoger qué juicios construyen tu vida. Cuando te pillas en la catástrofe, puedes elegir otra historia. Esa elección es casi todo el trabajo.

Tu autoimagen decide cómo te comportas

Hay una frase del episodio que se queda dando vueltas: lo que tú piensas que el otro piensa de ti es lo que tú piensas de ti. Y como piensas de ti es como te comportas.

O sea que ese miedo a que te juzguen muchas veces no es sobre los demás. Es el juicio que tú ya tienes sobre ti, puesto en la boca de otra persona imaginaria. Te frenas para no quedar mal frente a un jurado que en gran parte armaste tú.

Por eso cambiar cómo te tratas por dentro cambia cómo te muestras por fuera. No al revés. No esperas sentirte seguro para recién ahí hacer las cosas. Las haces dentro del proceso, mediocres al principio, y la seguridad llega como consecuencia, no como permiso previo.

Qué puedes hacer hoy

Tres cosas para quedarte un rato, sin respuesta rápida:

  • Piensa en el último proyecto que soltaste. ¿Lo dejaste porque era malo, o porque te ganó la sensación de que "no iba a ninguna parte"?
  • Esta semana, cuando te pilles repitiendo una catástrofe mientras haces algo cotidiano, nota la historia que te estás contando. Solo notarla. Esa es la parte difícil.
  • Revisa el día: ¿diste todo y no te dejaste sostener por nadie? ¿Dónde podrías recibir un poco?

Cierre

La vida es un viaje con comienzo y fin, y lo importante no es llegar al mar, es el recorrido. Gaxpar lo cierra con una imagen: me tiro del precipicio porque sé que tengo un paracaídas, aunque no lo vea. Confiar en el proceso es eso, no la certeza de que vas a aterrizar bien, sino la decisión de saltar sin ver el paracaídas. Las cosas que más te importan casi nunca te muestran el final por adelantado. Y aun así las cruzas, o te quedas mirando la mitad de camino de los demás creyendo que la tuya está rota.