Mindfulness sin la versión linda: una paz que está en paz con el caos

El mindfulness te prometió calma, y la primera vez que te quedaste quieto encontraste otra cosa. Tienes los lienzos ahí, o el proyecto, o la canción a medio escribir. Sabes lo que quieres hacer. Y otra vez terminas en el teléfono, o viendo por décima vez el mismo capítulo de The Office, con una excusa que tú mismo sabes que es falsa: "ya es muy de noche". Igual te acuestas tarde.

De eso hablé en el episodio 161. Lo que me frena aparece justo cuando me muevo, y eso hace más fácil quedarme adormecido. También hablo de la paz interior que promete el mindfulness: sí existe, pero tiene una forma que casi nadie te muestra. Aquí va lo que pasa cuando dejas de distraerte, por qué la paz no se parece a la foto, y qué cambia cuando permites lo que sientes en vez de evitarlo.

Por qué no hago lo que quiero, aunque tenga el tiempo

Me digo "ocupado". Pero cuando lo miro de cerca, no estoy ocupado. Le estoy dando horas a cosas que para mí son objetivamente irrelevantes.

Hay dos formas de no hacer nada. Una es aburrirse, quedarse en la existencia sin estímulo, y esa es productiva porque te empuja a curiosidades nuevas. La otra es Instagram, memes, TikTok y YouTube, uno detrás de otro, casi como un adicto que se pone su inyección en la vena.

Mientras tanto hago planes de todo lo que quiero escribir, pintar, la gente que quiero ver y los lugares a los que quiero ir. Y no hago nada. La frase que me quedó del capítulo es esta: "nosotros estamos escogiendo distraernos de lo que nosotros queremos". Elegir y estar enganchado como un adicto conviven en la misma escena, y no sé bien cuánto pesa cada uno.

Mira el episodio completo en YouTube

Este artículo está basado en un episodio del podcast Sé Tú Mismo

Lo que aparece cuando dejas de distraerte

Poner las manos en la masa es incómodo. Salir, hacer, mostrarse. Está la vergüenza de no saber, de equivocarse, de intentarlo. Eso existe y lo tenemos de sobra. Pero lo complicado para mí no está ahí, ni en la falta de ganas. Lo complicado es "lo que encuentro cuando me muevo".

Cuando dejas de distraerte te encuentras con lo que te aprieta, lo que te pesa, lo que temes y lo que dudas. Quieres certeza, quieres saber que todo va a estar bien, y eso no se puede saber.

Cuando era más chico, una pareja me preguntó si seguía hablando con una ex. Omití información. Me sentí culpable, y mi respuesta natural fue tomar distancia de ella. Podía decírselo y no pasaba nada, pero yo tendía a evitar la culpa. Hoy el mecanismo es el mismo con otro aparato: duermo poco, estoy cansado o ansioso, me meto al teléfono y me pierdo.

Mindfulness y paz interior: el Disney de la espiritualidad

Volver al cuerpo importa. Suena hippie, pero importa. Lo que no me cuadra es la promesa de que con mindfulness vas a encontrar la paz en tu interior. "No vas a encontrar paz en tu interior. Al principio."

El contenido sobre mindfulness, meditación y "encontrarse a uno mismo" casi siempre está del lado de lo lindo. Es el Disney de la espiritualidad: un dulce para niños con el centro agrio. Las expectativas no se cumplen porque el ser no se rige por las reglas de bueno y malo, de lo que se siente bien o incómodo.

La paz interior no desaparece. Tiene otra forma, una que no conocemos. "Esa paz está en paz con el caos que tengo dentro." Está en paz con el desorden, con la incomodidad de hacer algo que no sabes hacer, de exponerte a fallar, a ser visto, a que otros te toquen.

Cómo encontrar paz interior: estar presente es permitir

No sé bien cómo decirlo, pero creo que el punto de estar presente es aceptar lo que uno siente. Lo que siento puede sentirse pésimo, y aun así no está mal. "No es algo que tenga que evitar. Es algo que tengo que permitir."

Permitirlo abre la posibilidad de explorar y de salir. "Porque si es que yo escapo de la puerta no puedo cruzarla." La paz tampoco es un sentimiento luminoso y blanco, vestido de lino, aunque no tiene por qué excluir eso. La paz es estar acá.

La imagen que uso es la de estar rodeado de plantas. Cada planta es una emoción. Yo estoy al centro, las quiero a todas por igual y elijo con cuál pasar tiempo. No saco las que no me gustan, siguen ahí. Hay una tensión que no resuelvo: puedo elegir cuál mirar y cuál no, y a la vez no se trata de evitar. Dónde termina una cosa y empieza la otra, no lo sé.

Qué puedes hacer hoy

El capítulo no trae un método. Trae tres gestos que yo uso:

  1. Hacer la mancha. Si el cuadro es lo que quieres hacer, el paso es abrir la pintura y manchar. Cómo quede importa menos que estar haciéndolo. Lo digo del cuadro porque es lo más práctico, pero aplica en todo sentido.
  2. Notar el momento del teléfono. Cansado o ansioso, la mano va sola al bolsillo. ¿Qué estabas sintiendo justo antes?
  3. Volver a empezar. Cada vez que la mente se pierde contándose historias, le quitas el juicio a lo que sientes y vuelves. Es amaestrar un poco el animal que tenemos dentro para moverte hacia lo que quieres hacer.

El mindfulness que me sirve me deja sentarme un rato con el caos, sin taparlo. Cuando terminé de grabar el capítulo dije que me iba a pintar, porque tenía tiempo, y ese tiempo no lo iba a perder con el teléfono.