Reconocer tu llamado: tu vida nunca vuelve a ser la misma
Reconocer tu llamado es más difícil que encontrarlo. Casi siempre ya lo tienes: es esa fantasía que vuelve una y otra vez, la que te hace sentir vivo cuando la imaginas. Lo que cuesta es dejar de mirar para otro lado. Y una vez que lo reconoces, ya no puedes seguir haciendo como que no existe.
A mí me pasó a los 22, en tercer año de psicología. Me iba bien y tenía clarísimo quién quería ser: psicólogo, con consulta privada y algo de renombre. Y al mismo tiempo, en las noches de insomnio, soñaba con hacer malabares en Portugal, estudiar producción musical en Málaga y no volver a escribir un informe en mi vida.
Te cuento qué pasó cuando dejé de bloquearlo. Lo que saqué de esa historia sirve igual si tu llamado es irte o quedarte.
La fantasía que siempre vuelve
Durante meses mi insomnio tuvo una rutina. Me quedaba pegado en YouTube viendo magia con cartas y monedas, malabaristas en Portugal, la escuela de un productor musical que seguía. Todo era lo opuesto a mi destino armado. Lo incierto, lo artístico, lo liviano.
Y todo lo descartaba con la misma frase: eso no forma parte de lo que yo decidí para mí.
Cuando la idea de irme se volvió más concreta, me dio miedo. Era demasiado intensa, demasiado vívida. Mi primer instinto fue bloquearla con excusas perfectas. Ahí estaba el problema. Yo sabía lo que me movía, lo fantaseaba cada noche, pero me costaba reconocerlo.
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Este artículo está basado en un episodio del podcast Sé Tú Mismo
Las excusas perfectas y la presión social
Con los años entendí algo sobre esa decisión que yo defendía tanto. Era algo que, en parte, recogí de lo que se esperaba de mí. De la familia, del entorno, de esa sensación de que todos a tu alrededor tienen claro para dónde van menos tú.
Saliendo de la adolescencia, sentir que no encajas en ese plan es durísimo. Entonces te aferras a la imagen. La mía estaba súper formada, y hoy reconozco que tenía bastante de ego y de inseguridad.
Por eso digo que la había decidido "entre comillas". Y uso las mismas comillas para el camino nuevo. Todavía no sé si lo que me inspiró a irme era del todo mío o también lo saqué de alguna parte. Lo que sí sé es que se sentía muy mío.
Cuando te va bien y aun así te apaga
Lo raro es que la psicología me encantaba. Me sigue encantando hasta hoy. No me fui porque odiara lo que estudiaba. Lo que yo quería era la experiencia más que la academia: ir, ver con mis propios ojos, aprender en el cuerpo.
Pero en tercer año apareció la ansiedad, y la carrera que me gustaba se volvió una carga. La fantasía de irme se transformó en mi escape, y el insomnio en el lugar donde ese escape vivía.
Si te va bien en algo y aun así te angustia, no siempre es flojera o falta de disciplina. A veces es una señal de que estás tapando algo con rendimiento.
El momento en que lo reconoces
Varias cosas pasaron casi al mismo tiempo. En la biblioteca, un compañero que ni siquiera era mi amigo me vio afligido y le conté lo que me pasaba. Me dijo que yo ya lo tenía claro, y que le diera. Con esa afirmación de alguien casi desconocido me di cuenta de que me estaba engañando: estaba moviendo la cabeza para mirar otro lugar cuando sabía perfectamente dónde quería mirar.
Después vino la práctica de Psicología Comunitaria en la Municipalidad de Independencia, que fue como ver un adelanto de un futuro que me secaba por dentro. Y después, el final de Breaking Bad. El arco de Walter White me dejó la sensación de que transformarse es posible, de que no tienes que ser para siempre lo que alguna vez dijiste ser. El vacío del final lo reconocí como algo que yo cargaba todos los días y evitaba. Lo dije así en el episodio: "Al evitar, como que me aprisiono."
Al día siguiente decidí no volver. Y cuando lo dije, me sentí vivo.
Ese mismo día mi mejor amigo me escribió que él también dejaba la carrera. Cuando se lo conté a mi papá, me apoyó, y eso fue un privilegio que no todo el mundo tiene. Mi mamá me pidió que me ordenara y planeara con lo que tenía. No fue saltar al vacío: fue empezar a moverme con los recursos que tenía.
Por qué tu vida nunca vuelve a ser la misma
Lo que no esperaba es que ese proceso se iba a repetir. Uno se arma una imagen muy clara de quién es y quién quiere ser, y a medida que vive cosas, esa imagen cambia. Me pasó después con la cocina, con el café, con la música. Cada vez tuve que volver a reconocer qué me estaba llamando.
Mi vida no ha sido como de Disney; esa versión es falsa. Pero sí ha sido muy vívida. Miro para atrás y jamás me hubiese imaginado la vida que he tenido. ¿Fue mejor que la otra? No lo sé, porque no conozco la otra. Pero es la vida que tuve por haber escuchado.
También aguanté al entorno que minimiza. "Típico, tercer año." "Se te va a pasar." Y yo respondía que esto no era una etapa, que esto era lo que quería.
Tu llamado puede ser quedarte
Reconocer tu llamado no significa dejarlo todo. Como digo en el episodio, "dejar las cosas de golpe no es la respuesta para todos porque para algunas personas el llamado puede ser quedarse".
Quedarse también puede ser incorporar. Meter esa fantasía en un hábito, en una rutina, en lo que ya tienes, sin tener que destruir todo para volver a construir. Lo importante es que lo reconozcas en ti y lo hagas tuyo.
Qué puedes hacer hoy
Tres preguntas, para un papel y no para la cabeza:
- ¿Cuál es tu fantasía? Esa que siempre te repites, que siempre te inspira, que siempre te mueve. Escríbela con nombre y lugar, como mi Málaga o mis malabaristas en Portugal.
- ¿Lo que haces hoy la tiene? Aunque sea un poco. Una hora a la semana, un hábito, un rincón de tu rutina.
- Si tu respuesta es "no puedo", ¿de verdad no puedes, o piensas que tienes que hacer otras cosas? Ahí está la diferencia entre un límite real y una idea que heredaste.
Nadie te va a decir cuál es tu llamado, y yo menos. Puede que sea irte. Puede que sea quedarte y hacerle espacio. Lo que sí sé es que esa fantasía que bloqueas con excusas perfectas no se va porque la ignores. Y que una vez que la reconoces, ya no puedes volver a no verla.