Regulación emocional: no tienes que reaccionar de inmediato

Toda la teoría de la regulación emocional se te cae cuando estás grabando en Plaza de Armas y por la ventana entra una banda de carabineros. Bocinazos, cantos, las campanas de la catedral. Tenía ese rato y nada más, y el pecho se me apretó igual, porque en mi cabeza el capítulo se grababa en silencio.

No se grabó en silencio. Se grabó con la calle adentro.

Entre lo que te pasa y lo que haces con eso hay un espacio. Casi nadie lo usa. De eso es este post: por qué armamos un puzzle de condiciones perfectas antes de empezar cualquier cosa, por qué "es que yo soy así" suena a explicación y funciona como reja, y qué cambia cuando demoras la respuesta unos segundos.

Las circunstancias ideales son un puzzle que armaste tú

Antes de hacer algo armamos un puzzle en la cabeza: cómo tiene que estar la pieza, a qué hora, con cuánta plata, con qué ánimo, con qué nivel de ruido. Después la realidad llega distinta y nos enojamos con la realidad, cuando el puzzle lo inventamos nosotros.

Lo hacemos con cosas grandes y con cosas mínimas. Vas a empezar a escribir cuando tengas el escritorio despejado. Vas a volver al gimnasio el lunes. Vas a llamar a esa persona cuando estés más tranquilo. Y el escritorio nunca está despejado.

Como dije en el capítulo: lo que te imaginaste en un principio es una idea muy vaga de lo que las cosas pueden ser, de lo que la vida puede ser y de lo que tú puedes llegar a ser. El plan es una hipótesis chica hecha por alguien que todavía no había visto nada.

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Este artículo está basado en un episodio del podcast Sé Tú Mismo

"Es que yo soy así": vivir en piloto automático con una etiqueta puesta

Después del puzzle vienen las etiquetas. "Siempre he sido desordenado." "Soy de mecha corta." "Tengo TDAH, la disciplina no es para mí." Suenan a diagnóstico y funcionan como sentencia, pero describen una costumbre: lo que has hecho hasta ahora, repetido las veces suficientes como para que parezca tu forma.

Tener TDAH o TEA significa que tu cerebro funciona distinto. No que la disciplina te esté prohibida. La disciplina del tipo que se levanta a las cinco de la mañana no es la única que existe.

Me sirve la imagen del tablero de ajedrez. Te tocó una baldosa y te quedaste ahí, avanzando un cuadro como el peón, mientras el tablero completo está disponible y la reina se mueve por donde quiera. Los patrones de comportamiento repetitivos se sienten como personalidad, pero se parecen más a un camino que te sabes de memoria. Vivir en piloto automático no es no decidir. Es haber decidido hace años y no haberlo revisado nunca.

Técnicas de regulación emocional: demorar la respuesta

Me cortaron mal el pelo. Ahí tenía dos caminos: reclamar en el momento y descargar la molestia con la persona que me estaba atendiendo, o quedarme callado unos segundos y recién ahí ver qué hacía.

Lo que pasa cuando respondes de inmediato es esto: si reacciono de inmediato, ahora ya, no estoy eligiendo cómo reaccionar, estoy reaccionando como aprendí que se reacciona en circunstancias como estas. Esa forma no la elegiste. La viste en tu casa, en tus amigos, en el barrio donde creciste, y se te quedó pegada sin que nadie te preguntara si estabas de acuerdo.

Por eso las técnicas de regulación emocional que de verdad se sostienen no son ejercicios de respiración de veinte minutos. Es algo más chico: el intervalo. Tres segundos entre el estímulo y la boca. En esos tres segundos aparecen cosas que antes no cabían, como que no conoces la historia de la persona que te atendió, cómo llegó a trabajar hoy, qué le pasó en la mañana. Y aparece la frase más barata y más útil del capítulo: da igual si me cortan mal el pelo, porque el pelo crece.

Cómo poner límites sin devolver la puñalada

Ablandarse no es tragárselo todo. Puedes decir lo que te molestó, puedes marcar hasta dónde llega algo, puedes irte. Lo que no necesitas es ponerte al nivel del otro.

Cuando alguien te trata mal, el impulso pide devolverla con la misma fuerza. Ese impulso viene del ego, y el ego no quiere resolver nada, quiere tener razón. Vale la pena preguntarse a quién satisface la frase que estás por decir, y cómo la vas a decir.

El hecho de que alguien sea grosero contigo habla de esa persona, no habla de ti. Su reacción es su historia funcionando sola. La tuya, si te demoras un poco, puede ser tuya.

Qué puedes hacer hoy

Tres cosas del capítulo, sin receta.

El intervalo. La próxima vez que algo te apriete el pecho, ahí hay tres segundos que son tuyos antes de contestar. En esos tres segundos cabe la pregunta de si esta respuesta la estás eligiendo o la estás repitiendo.

La etiqueta en voz alta. Anota la frase con la que te presentas: "soy desordenado", "soy ansioso", "soy malo para esto". Al lado, la última vez que hiciste lo contrario. Casi siempre existe esa vez.

El material. Lo que te frustró esta semana también sirve para hacer algo: un texto, una canción, una conversación distinta. El ruido de la calle quedó grabado en el capítulo y ahora es parte del capítulo.


La regulación emocional no te va a entregar la circunstancia que querías. El ruido de la calle sigue ahí, el corte quedó mal, la persona fue grosera. Lo único que cambia es quién decide lo que viene después: la reacción que heredaste sin mirarla, o tú, tres segundos más tarde.

Y el pelo crece.