Sentido de vida: estar perdido es parte de encontrarse
"Sentido de vida" suena a pregunta enorme y por eso casi nadie la contesta en voz alta. En el episodio 158 de Sé Tú Mismo tampoco la contesto. Lo aviso en el minuto cero: esto no es un manual de instrucciones, llevo un tiempo medio caótico y medio perdido, así que el ejercicio lo hago en vivo junto a quien esté escuchando. De ahí sale la frase que sostiene todo el capítulo, en el 02:13: "Estar perdido es parte de encontrarse". Después viene lo concreto, que son tres cosas, dirección, prioridad y foco, y ocupa la segunda mitad del episodio. Acá está escrito. Sin promesa de claridad al final, porque cuando grabé todavía no aparecía.
"No le encuentro sentido a la vida" casi nunca es sobre la vida entera
Cuando alguien dice que su vida no tiene sentido, rara vez está hablando de la vida en bloque. Está hablando del martes. De las horas que pasaron entre que se despertó y se acostó, y de que ninguna de esas horas le devolvió algo. "Si yo siento que mi vida no tiene sentido, entonces probablemente es porque no estoy encontrando el sentido de lo que hago."
Eso solo se pone peor cuando uno mira hacia el lado. No mira la vida de los demás, mira cómo los demás proyectan su vida hacia afuera, que es otra cosa. Y ahí aparecen los arquetipos, las formas de vivir que parecen estar funcionando, y uno no se encuentra en ninguna. La conclusión automática es que el problema es uno.
Ahí se cuela la culpa, que es el peso extra. En el episodio lo digo tal cual, que me cargo la espalda con la sensación de que no lo estoy haciendo bien, de que no alcanzo para la weá. Y eso ya no es una pregunta sobre el sentido, es una pregunta sobre la autoestima, y son dos conversaciones distintas aunque lleguen pegadas.
Escucha el episodio completo en Spotify
Este artículo está basado en un episodio del podcast Sé Tú Mismo
El sentido de vida no existe por sí solo: estar perdido es parte de encontrarse
Acá está el giro del capítulo y es bastante simple. No existiría la sensación de ir hacia algún lugar si nunca hubieras tenido la de no saber a dónde vas. El sentido de dirección necesita el contraste. Sin el tramo de no saber, no hay con qué comparar.
"Estar perdido es parte de encontrarse."
Lo que sigue es la parte que más me interesa: castigarse por estar perdido hace más daño que estar perdido. Una es una etapa de un proceso y la otra es una condena que te dictas tú solo, todos los días, gratis.
"El sentido de la vida no existe per se. En otras palabras, la vida no tiene sentido, pero uno le da el sentido a lo que vive."
Puesto así, buscar el sentido de vida afuera se vuelve una tarea rara. Estás pidiéndole a otra persona que te diga qué es valioso para ti.
Cómo encontrar mi propósito de vida cuando nadie te lo puede pasar
"Nadie te puede decir cuál es el sentido de tu vida porque tú decides cuál es el sentido de tu vida."
De esto se desprende algo que incomoda a mucha gente: no hay una escala de valor entre los oficios. Ser artista, ser ingeniero o ser el cajero del supermercado no vienen con distintas cantidades de sentido adentro. El sentido depende de lo que encuentres ahí. Y esta reflexión no va de ser millonario ni de salvar el mundo. "La verdadera forma de salvar el mundo es que tú seas tú."
Antes del ejercicio hay una condición que en el episodio queda explícita y que casi ningún contenido sobre cómo encontrar mi propósito de vida menciona: las necesidades básicas primero. Techo, comida, descanso, no pasar frío, gente alrededor. No lujo. El piso mínimo. Porque si eso no está resuelto, tienes que articular lo que quieres con lo que necesitas, y explorar qué te gusta se vuelve mucho más caro de lo que suena.
Dirección y prioridad: cómo saber qué quiero en la vida
La dirección son los intereses genuinos. Lo que te dan ganas de hacer, no lo que crees que hay que hacer. La pregunta es simple y no es fácil, sobre todo cuando uno anda muy perdido, porque ahí cuesta hasta reconocer qué te gusta.
Y hay un filtro importante. Digamos que quieres pintar. ¿Quieres pintar, o quieres que te reconozcan como alguien que pinta bien? No hay nada malo en querer reconocimiento. Pero si el motor del movimiento es ese, el que está manejando es el ego tratando de llenar un vacío que no se llena nunca, y ahí la frustración se vuelve gigante porque empiezas a medir cada cosa según cuánto tapó el hoyo.
"El único requisito debería ser lo quiero hacer y lo hago. Más nada, no lo mido, no le pongo presión."
También hay un tema de tamaño. Vale "quiero escribir un libro" y vale "quiero regar las plantas una vez a la semana" y vale "quiero que el café me quede rico". Si mañana, sin saber nada, te propones construir un edificio, el paso es tan grande que no lo vas a dar y te quedas donde estabas. El paso de al lado sí se puede dar: trabajar un tiempo en una construcción y aprender el oficio desde adentro.
De ahí sale la prioridad, que es la parte corta. De todos tus intereses, si tuvieras que elegir uno solo para darle una hora diaria, ¿cuál sería? No el más inteligente ni el que más rinde. El que elegirías. Mis tres son escribir, pintar y hacer música, y si tengo que elegir una, escribo. Lo respondí al tiro, sin pensarlo, y esa suele ser la señal de que la respuesta es esa.
Foco: por qué no hago lo que sé que quiero hacer
El foco es la parte donde casi todos nos caemos. Puedes tener la dirección clarísima y la prioridad definida y el manual paso a paso, pero si no le dedicas tiempo, da lo mismo que lo tengas masticado diez años.
Y antes de meter disciplina viene algo que en el episodio ordena bastante:
"Más que meter disciplina y estructura en la vida que tienes, es desocupar la vida que tienes de cosas que te distraen."
Mi caso es el teléfono. Si estoy en el teléfono, no estoy escribiendo, y quiero escribir. Igual paso más tiempo en el teléfono que escribiendo. Leo artículos, veo gente contando sus procesos, me emociono, y no pongo un dedo en el teclado. Por eso el paso uno no es agregar una rutina nueva, es cortar el tiempo en pantalla. "Hay que desmalezar el jardín y ahí las flores vuelven a crecer."
Después viene la ventana horaria y tiene que ser realizable. Diez minutos, media hora, una hora. Seis horas diarias es lo que uno dice el primer día y ya no hace el segundo. Y la regla es cumplirla aunque te quedes en blanco: si dijiste una hora, es una hora sentado ahí, sin escribir nada, sin jardinear nada.
"La disciplina incomoda, porque te expande, te saca de tu zona de confort."
En algún momento vas a dejar de querer. Eso no es una señal de nada, es la parte del medio. "Yo hago esto porque quiero hacerlo, no por cómo me siento." Y el contrapunto: "Si es que yo soy esclavo de mis sensaciones físicas, cagué, no voy a hacer nada en la vida."
Qué puedes hacer hoy
El ejercicio completo del capítulo cabe en tres preguntas y una decisión.
- Dirección: si nadie lo fuera a ver ni a opinar, ¿qué te dan ganas de hacer? Vale la lista entera, desde escribir un libro hasta regar las plantas una vez a la semana.
- Prioridad: de esa lista, si solo pudieras darle una hora diaria a una cosa, ¿cuál sería? La primera que se te ocurrió al leer la pregunta ya es la respuesta.
- Foco: qué ventana horaria es realizable esta semana, de verdad realizable. Diez minutos cuentan.
Y la pregunta del desmalezado, que va antes que todas: ¿cuánto tiempo en pantalla hay hoy entre tú y eso que dijiste que querías hacer? [INFERENCIA] El episodio no lo plantea como pregunta, lo cuenta como su propio caso con el teléfono.
Queda una última cosa, que es el desapego total. Hacer lo que haces sin exigirle que se convierta en algo, porque si le pones esa presión no vas a aguantar la etapa de novato. Este capítulo lo grabé perdido y lo escribí perdido, así que no hay un después acá, hay un ejercicio que estoy haciendo al mismo tiempo que tú. El sentido de vida no llegó por correo cuando apreté stop, pero apareció algo más chico y más usable: una hora, un lápiz, y el permiso de que lo que salga sea feo. "Las primeras capas de la pintura son horribles. Son feas, no se entienden, son manchas." Eso siempre fue el precio, no el aviso de que te equivocaste.