Autosabotaje: dices que no cuando en verdad es sí
El autosabotaje no siempre aparece cuando algo sale mal. Muchas veces aparece justo en el punto donde algo se está sintiendo bien y ahí sale un no. Te hacen un cumplido y respondes que exageran. Te llega un regalo y calculas cuánto salió para devolver algo parecido antes de que se note. Se te ocurre un proyecto que te entusiasma y lo dejas guardado en una carpeta durante meses. En el episodio 156 de Sé Tú Mismo, ahora Cómo Ser Tú Mismo, parto de una escena bastante concreta de mi vida sexual y termino en el mismo lugar donde probablemente estás tú: en la creencia de que recibir cosas buenas está medio prohibido. Este artículo va de ese no automático y de lo que hay debajo.
Por qué me saboteo justo cuando algo se siente bien
Hace años estuve con una mujer y en la intimidad, cuando sentía placer, me salía un "ay, no". Ella me preguntó por qué decía que no si en verdad era sí. Le contesté que era una expresión, que no significaba nada. Me quedé un buen tiempo dándole vueltas igual, porque en el fondo no tenía respuesta.
Después empecé a verlo en otras personas. En el punto máximo del placer entra la negación. No, no, para. Y no está pasando nada malo, no había ninguna razón para frenar. La boca puso un límite donde no hacía falta ninguno.
Eso es lo que a mí me interesa del autosabotaje, y por eso vale la pena preguntarse por qué me saboteo. El sabotaje no llega con cara de sabotaje. Llega con cara de expresión inocente, de humildad, de "no es para tanto". Y usa el lenguaje, que es la herramienta más rápida que tenemos para cerrar una puerta sin tener que explicar por qué la cerramos.
En el capítulo anterior hablé del autosabotaje como esa voz que aparece tres segundos después de la idea. Esta es la otra versión, la silenciosa, la que no discute contigo porque le basta con una sílaba.
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Este artículo está basado en un episodio del podcast Sé Tú Mismo
El merecimiento: quién te dijo que era demasiado
Debajo del no hay una idea vieja sobre lo que mereces recibir. Y esa idea no la elegiste de adulto, la aprendiste temprano, cuando eras chico y te reías muy fuerte y alguien te miró feo. Ahí registraste algo: si soy mucho, si tengo mucho, si disfruto mucho, el resto se incomoda. Entonces hay que frenar un poco.
Ese aprendizaje se queda instalado y aparece cada vez que algo bueno se acerca. Cuesta recibir afecto. Cuesta recibir un regalo sin sentir que quedaste debiendo. Cuesta recibir un halago sin desviarlo con un chiste. Cuesta darse tiempo propio sin sentir culpa. Yo hago poquísimo el ejercicio de cultivar una relación romántica conmigo mismo, y lo digo literal: sacarme a comer, sacarme a caminar, decirme algo lindo, estar conmigo sin agenda. Eso no tiene nada de egoísta y aun así es lo que menos hago.
Esto explica bastante bien por qué no hago lo que sé que debo hacer. Quieres armar un proyecto grande y no lo armas, y la explicación oficial es que no hay tiempo. La explicación de abajo es otra: no lo merezco, es demasiado para mí. Y ahí viene la pregunta que dejó el episodio. Quién te enseñó que era demasiado. Quién te dijo que no merecías lo que quieres. Porque alguien te lo dijo, y llevas años repitiéndolo con voz propia.
Libertad desconocida contra dolor conocido
Cuando me abro a algo nuevo aparece el mismo no de siempre: mejor me quedo acá. Y la pregunta honesta es acá dónde. En mi cajita, donde ya estoy apretado, pero es lo que conozco. Me pierdo una libertad desconocida para quedarme en un dolor conocido, y el dolor conocido tiene una ventaja enorme, que es que no da sorpresas.
Esa cajita se sostiene con máscaras. Partes tuyas que adoptaste para sentirte seguro, para encajar, para parecer adecuado. Funcionaron en su momento, por eso siguen ahí. El asunto es que también trabajan en contra cuando la vida te ofrece algo que no cabe dentro del personaje.
Por eso la sexualidad sirve tanto de espejo. Cómo te expresas ahí se parece mucho a cómo te expresas en el resto. Si actúas un papel en la intimidad para sostener una imagen, en vez de estar ahí con la otra persona, es probable que también actúes un papel en el trabajo, en tu familia y contigo mismo cuando nadie te está mirando.
Sostener espacio: sentir sin que la emoción decida por ti
Escuché a alguien decir que reaccionar es revivir un pasado. Me quedó dando vueltas. Conoces a alguien, te gusta, le dices algo, y de inmediato aparece un miedo irracional a que te deje de querer. Entonces te proteges, te alejas, dices cosas raras. Eso no está pasando ahora. Es una herida vieja funcionando en tiempo presente, y da lo mismo si está fundamentada, porque cuando se siente, se siente real.
Lo que me ha cambiado la vida es otra cosa: sostener espacio adentro. No es un lugar físico y aun así se nota. Es un espacio donde la incomodidad pasa a través tuyo y no te mueve, no decide por ti. Puedes sentir pena, angustia o alegría sin que la emoción tenga que convertirse en una reacción.
La parte contraintuitiva es que ahí adentro no hay nada que arreglar. Cuando intento que lo que siento se vaya, lo que estoy haciendo es rechazar una parte mía. Y esa es la trampa completa: la idea de que estoy roto, de que hay algo que corregir, es justamente la idea que corrompe. Hoy no tienes otra alternativa que ser quien eres en este momento, y eso ya está bien así.
Qué puedes hacer hoy
Tres cosas del episodio que se pueden mirar sin preparación.
- El último no que dijiste esta semana cuando en verdad era sí. Un plan, un halago, una ayuda que te ofrecieron. Reconstruye la frase exacta que usaste para rechazarlo y fíjate a quién le estabas ahorrando la incomodidad.
- Recibir una cosa entera. Que alguien te diga algo lindo y quedarte callado hasta que termine la frase, sin devolverlo, sin bajarle el precio, sin agregar un chiste al final.
- Una hora tuya en el calendario esta semana con nombre y hora, no "cuando pueda". Sacarte a comer o a caminar. Después mirar cuánta culpa aparece, que es el dato más útil de todo el ejercicio.
Yo no sé si es posible conseguir todo lo que uno quiere, ni si eso es lo relevante. Lo que sí se puede es darse el permiso de al menos intentarlo. Y si te sientes culpable cuando las cosas te salen bien, siéntete culpable, no pasa nada, la culpa se puede sostener igual que cualquier otra emoción. El autosabotaje no se va porque decidas que se vaya. Se va aflojando cuando dejas de contestar que no en el momento exacto en que estabas por decir que sí.